En junio pasado, en el Jardín Botánico de la UNAM, en la exposición en la que gustosamente participamos.
Las personas construyen las instituciones, y construir los cimientos de Takumi Bonsai no habría sido posible sin el trabajo desinteresado de nuestro amigo Eduardo León Lugo, quien falleció hace algunos meses.
Conocimos a Eduardo en febrero de 1999, cuando nos obsequió su amistad y entusiasmo por el arte bonsai, juntos aprendimos que practicando este arte se cultivaba la amistad, que compartir podía ser el medio para alcanzar la espirutualidad del ser.
Nos motivó a continuar este proyecto cuando las autoridades del Bosque de Chapultepec decidierón construir un corredor comercial y desaparecer el vivero y el huerto del Bosque, lugar donde nos reuníamos cada sábado para compartir experiencias y emociones al crear bonsai.
Era el primero en llegar, nos ayudaba en las tareas más elementales, en los detalles que forjan la convivencia y el afecto: barrer, preparar cafe, mover troncos y piedras, colocar sillas y mesas. Siempre generoso, regaba los árboles de todos y ayudaba a cualquiera en la poda, alambrado o trasplante.
Con Eduardo aprendimos que el bonsai no sólo es una afición, sino la oportunidad de construir y convertir un espacio de aprendizaje en refugio contra los malos momentos y semilla para los buenos, para levantar cabeza y seguir con los proyectos pese a las adversidades, en un constante ejercicio de crecimiento y perfección, como es la práctica de este arte.
Con lágrimas en los ojos te damos las gracias Eduardo. Gracias amigo.
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