Las personas construyen las instituciones, y construir los cimientos de Takumi Bonsai no habría sido posible sin el trabajo desinteresado de nuestro amigo Eduardo León Lugo, quien falleció hace algunos meses.
Conocimos a Eduardo en febrero de 1999, cuando nos obsequió su amistad y entusiasmo por el arte bonsai, juntos aprendimos que practicando este arte se cultivaba la amistad, que compartir podía ser el medio para alcanzar la espirutualidad del ser.
Nos motivó a continuar este proyecto cuando las autoridades del Bosque de Chapultepec decidierón construir un corredor comercial y desaparecer el vivero y el huerto del Bosque, lugar donde nos reuníamos cada sábado para compartir experiencias y emociones al crear bonsai.
Era el primero en llegar, nos ayudaba en las tareas más elementales, en los detalles que forjan la convivencia y el afecto: barrer, preparar cafe, mover troncos y piedras, colocar sillas y mesas. Siempre generoso, regaba los árboles de todos y ayudaba a cualquiera en la poda, alambrado o trasplante.
Con Eduardo aprendimos que el bonsai no sólo es una afición, sino la oportunidad de construir y convertir un espacio de aprendizaje en refugio contra los malos momentos y semilla para los buenos, para levantar cabeza y seguir con los proyectos pese a las adversidades, en un constante ejercicio de crecimiento y perfección, como es la práctica de este arte.
Con lágrimas en los ojos te damos las gracias Eduardo. Gracias amigo.



UNA ORACION DESDE NUESTRO CORAZON PARA EL AMIGO INCONDICIONAL QUE PARTIO. GRACIAS POR TU AMISTAD. TE EXTRAÑAREMOS
Entré muy emocionada a tomar mi primera clase de Bonsai en un lugar maravilloso en el Bosque de Chapultepec. Mi esposo me había regalado estos cursos, ya que admiro y me gustan los árboles.
La teoria fue lo primero, pero como todos, ya quería comenzar a trabajar sobre un árbol. Así pasaron varias semanas, hasta que por fin los pequeños árboles estaban listos para trabajarlos.
Como cualquier principiante, me daba un terror cortar las ramas, así es que iba muy despacito cortando las hojitas.
Se acercó a mi una persona a la cual ya había visto por allí, sacando sillas, acomodandolas, repartiendo material, etc. pero nunca había cruzado palabra con él.
-¿Qué rama es la que tienes que cortar?- me preguntó muy sonriente.
-Esta, la de enmedio, pero luego la corto- le respondí con algo (mas bien mucho) de recelo, por que fuera a tocar mi árbolito.
En ese momento sacó su mataeda y ¡¡Cuas!! , cortó una enorme rama que se encontraba en el centro del tronco. Yo… ¡ infartada !. Supongo que vio mi cara de susto porque inmediatamente me aclaró -Va a cicatrizar y ayudará a que crezcan nuevas ramas, creeme!-. Me sonrió, se dio la media vuelta y se fue. Yo me quedé observando el “hoyo” que había dejado en mi árbolito, la verdad no creí que algún día eso cerrara.
“Que equivocada estaba amigo Eduardo, porque lo que me dijiste fue cierto y más!! ahí, precisamente donde cortaste esa rama, creció otra de mejor forma y mayor fuerza.”
Siempre te recordaré Eduardo, no solamente por tus conocimientos sobre Bonsai, por tu ayuda desinteresada que siempre dabas, tambien te recordaré como el buen amigo que se sentaba junto a mi a escucharme y platicarme y por esa enorme sonrisa que siempre regalabas.
Ah!!! y por tus deliciosos postres!!
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Estoy con sentimientos encontrados, primero alegria por que se me permitio conocerte y compartir talleres juntos y tristeza ya que el mundo esta avido de personas tan amigables y entusiastas en la naturaleza como tu.
Por favor no nos olvides como nosotros nunca podremos dejar de hablar sobre tu amistas y no olvides visitanos en el mundo orinico.